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Nada garantiza que después de esta vida exista alguna otra
que pueda demostrarnos qué hicimos bien y en qué nos
equivocamos.
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Está usted sentado en medio de su familia, no recuerda a nadie más que a sus hijos, los niños corren y la plática con un lenguaje diferente se extiende entre los demás miembros a quienes desconoce. En realidad es usted un anciano terminal, no tiene cabida en la conversación, todo le sorprende, nada lo familiariza más allá de sus lazos sanguíneos que por cierto, se han casi olvidado.
El futuro y el olvido son polos completamente opuestos, que se atraen, se desgastan, se reprochan. A cuánto estamos de ese futuro, es una interrogante que jamás comprenderemos, pues hoy, en este planeta hay una nueva generación de seres humanos. Más modernos, más inteligentes, más enfocados hacia un progreso mayor.
Pareciera que la vida ha sido corta cuando usted esté sentado en su sillón, cuando tenga muchas ganas de vivir y no pueda hacerlo, cuando su vida, la vida de su cuerpo haya pasado y tenga que escuchar música moderna que le moleste sus oídos, cuando sea lo menos importante para a quienes usted trajo a este mundo.
Primero un robot que puede hablar, sentir, llorar y hasta mentir; después una camisa invisible casi al 100 por ciento desarrollada en Bulgaria. Esas son las cosas de hoy. Nos enteramos muy seguido de los nuevos avances tecnológicos que aparecen, unos más sorprendentes que otros, otros más protagónicos que necesarios. Los científicos han desarrollado árboles sintéticos para combatir el cambio climático, dice una buena noticia para el razonamiento, ¿no cree? Sin embargo, lo razonable es saber hasta dónde hemos llegado al grado de sustituir nuestra propia naturaleza por inventos artificiales y, pregúntese qué más ha de venir.
En estos casos, quizás el asombro sea lo más prudente. Pese a desconocerlo, el futuro no es muy lejano, los hombres de hoy juegan una carrera que están casi por ganarle al futuro. Es posible que en unos años ya no vivamos sobre la tierra, sino en ciudades aéreas como las desarrolladas en Suecia. Quizás las leyes y políticas mundiales ordenen integrar un chip a todos los recién nacidos. Quizás también, no tengamos que usar credencial de identificación y las escuelas sean sustituidas por información vaciada en esos chips. No lo sé.
Cada uno se siente rebasado por el tiempo, pero el tiempo es progresivo y siempre nuevo, el tiempo jamás se ha repetido, y aunque así fuera, únicamente sería la esencia del mismo. El tiempo no cambia, cambian los humanos. Y tal vez, las épocas sean lo que mejor se puede apreciar del tiempo.
Es muy necesario vivir la estancia en este mundo. Algún día, no muy lejano, moriremos, porque tal vez la muerte sea la mejor invención de la vida. Lo que usted llama moderno hoy, no funcionará mañana. Y lo único que queda es vivir las épocas, pues el tiempo siempre será el mismo. Disfrutar, gozar, llorar, triunfar, fracasar, esto es lo que usted puede hacer. Nada garantiza que haya otra vida después de esta. Sea usted mismo, es lo mejor, es preferible, antes de que el olvido nos alcance.

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