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La crisis cañera ha tenido graves efectos colaterales. Niños, amas de
casa, ancianos, campesinos y desde luego, los productores.
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Hugo de la Cruz Sánchez
Pero no aguantó más. Esa mañana, después de tantas injusticias, don Pedro sufrió un derrame cerebral a causa de un coraje que le propinó el ingenio de Calipan, al no dejar pasar su caña con destino a San Nicolás, una fábrica procesadora de caña en Veracruz.
"Con su respeto, el único culpable es el Gobierno, las autoridades y los que cobijan esos negocios", dice Pedro Bravo Olivera, quien desde aquel 23 de enero no volvió a ser el mismo; no ha vuelto a pisar el campo donde trabajó casi 70 años y hasta hoy, no sabía que algunas de sus cañas han sido quemadas.
En un itinerario lleno de polvo y con una temperatura mayor a los 30 grados durante los primeros seis meses del año, se llega a casa de don Pedro, una pequeña vivienda rodeada de siembras de caña ubicada en la comunidad de Tilapa.
Allí, usando siempre huaraches porque los zapatos le lastiman y con una ropa modesta, -de campesino- como él dice, Pedro es consciente del daño que se le hace a la industria azucarera con ingenios como el de su región.
"Aquí todos ven por su intereses, ¿y el Gobierno?, bien gracias, no tienen un poco de cabeza para pensar de qué va a vivir tanta gente que depende de la caña", se pregunta Pedro con mayor énfasis.
Como Pedro Bravo, más de mil 600 cañeros viven una situación similar, adolecen de ingresos económicos para sus familias, ya que su único oficio actualmente es regateado en los ingenios. Las más de 500 hectáreas productivas de caña en la zona de Calipan y otras 400 en Tilapa, no encuentran un desahogo en el ingenio local que se ha visto trabado en discusión por los tres frentes más númerosos, la CNC, la CNPR y el grupo de Moisés Hebreo, representante de la Unión Civil Puebla-Oaxaca.
Pese a ser un hombre de 82 años, Pedro siente y tiene la obligación de seguir aportando dinero a su hogar.
"A veces viene mi hijo y me pide que lo ayude con mi nietecito. Qué le digo yo si no tengo dinero", destaca.
Hace algunos años, decidió establecer la única tienda en su comunidad, pero la desatención económica y la falta de cuidado, a llevado a que hoy en día el expendio de don Pedro tenga apenas una galletas en su anaquel, además de la constante presencia de otras misceláneas cercanas que son mejores competidoras.
El gorro que trae en la cabeza es un cuidado que le recetó el médico por su daño cerebral. Él al igual que su hija, afirman que no puede regresar al campo ya que al saber y conocer todas las anomalías que existen volvería a recaer.
Sentado en el patio de su casa, Pedro Bravo pide la intervención de las leyes agrarias y exige a las autoridades estatales o federales, ejerzan sus facultades para defender a los pobres.
Es el testimonio de un hombre que dedicó su vida a la caña, un hombre enfermo y comprometido siempre con la causa de los que él mismo llama "los hombres valientes del campo".
E X P O N E:
"Ese soy yo, un hombre de campo que ahora está enfermo por la propia caña, ¿que triste historia no?".Pedro Bravo Olivera,
Productor cañero.
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Tortillas de frijol: almuerzo, comida y cena de un campesino
La escena de hoy ha sido la misma desde hace cuatro años. Carlos deja el campo y hace una fogata con ramas secas para medio calentar las tortillas de frijol que su esposa le ha puesto como almuerzo, una lata de chiles y una Coca-Cola es también parte de su repertorio.
Es campesino desde los 12 años y actualmente mantiene a su esposa y dos hijos con 300 pesos a la quincena. La crisis que atraviesa el ingenio de Calipan ha lacerado las condiciones de vida de más de 800 jornaleros, incluido Carlos.
"No me da pena decirlo, pero hoy no tengo ni para comer", dice sentado a la sombra de un árbol casi al mediodía de una jornada que inició desde las 5 de la mañana.
No tiene garantía de pago, tampoco sabe si se respetará el salario que acordó con sus patrones, lo único que recuerda es que los 300 pesos quincenales con los que sobreviven él y su familia, les alcanza para hacer nixtamal, cocinar frijoles y comprarle ropa de uso a sus niños.
En esta situación, existen más de 800 personas directas en Calipan, otras 5 mil más lo hacen de forma indirecta. Los campesinos son los primeros que inician el proceso de la caña; barbechan y limpian las más de 500 hectáreas que componen la zona más productiva.
Ahí, en el campo, donde el sol quema en demasía y las aves cantan desesperadamente en busca de alimento, Carlos Romualdo, quien viste sudadera, pantalón de mezclilla y huaraches, vuelve a su trabajo en el campo hasta concluirlo entre las 6 y 7 de la noche.
Desde hace más de cuatro años, esta población que es considerada una de las principales productoras de caña en el estado, atraviesa por un problema entre el ingenio y los más de 2 mil abastecedores de esa planta dulce.
A pesar de que los efectos directos recaen en los ejidatarios dueños de parcelas, gente como Carlos, que a sus 30 años ha dedicado más de la mitad de su vida a la limpia de terrenos de cultivo, son afectados indirectamente, y con ello unas 3 mil 500 familias.
Los acuerdos entre organizaciones defensoras de cañeros, ingenio y el propio Gobierno del Estado de Puebla no ha podido definirse. En tanto, Carlos y su familia continuarán comiendo tortillas de frijol con chile y en veces, una rebanada de jamón para los niños.
E L D A T O
Las jornadas laborales de un campesino cañero inician a las 5 de la mañana y concluyen entre las 6 y 7 de la tarde-noche. Sus ingresos no superan los 400 pesos quincenales.
En Calipan y en algunas localidades cercanas, las familias están conformadas en promedio por cuatro miembros, algunas son disfuncionales y dependen básicamente de sus abuelos o hermanos.
- 300 pesos el salario promedio quincenal de un campesino
- 13 y 14 horas dura la jornada laboral
- 3 mil 500 familias dependen de campesinos padres de familia
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La crisis desde la cocina
"Antes, ser cañero era lo máximo, hoy, ni para cocinar frijoles alcanza", dice Minerva al mirar como su estufa se oxida porque no tiene el suficiente dinero para comprar un tanque de gas.
Es hija de padres de cañeros y ahora funge como la mujer de la casa. Minerva Dorantes Martínez sufre las consecuencias que el ingenio de Calipan ha dejado a casi todos los productores de la zona.
"No quieren pagar la caña al precio que debe ser, pero tampoco la dejan salir hacia otro lugar", explica dentro de una pequeña cocina de carrizo que humea, producto de la leña donde este día cocinará frijoles.
Ser ama de casa es otro de los perfiles en que impacta la problemática en el campo.
Minerva trata de cuidar las tortillas que a diario compra, a fin de poder reutilizarlas para el día siguiente. "El dinero no alcanza, generalmente comemos frijoles o verduras, carne no comemos porque lo que trabajamos no alcanza", aclara.
Sus padres, ya de avanzada edad, no reciben lo suficiente por las hectáreas de caña que se destinan al ingenio, el contrato signado entre productores y autoridades era de casi 380 pesos la tonelada.
Sin embargo, a comparación de otros ingenios como los ubicados en Veracruz, el precio de tonelada se cotiza en 710 pesos, casi el doble de lo ofertado en Calipan.
Minerva habla sobre la situación de sus padres, a ella de angustia pensar qué comerán mañana, la pensión de su padre no es suficiente.
Tan sólo en Calipan unas 35 familias se sostienen de los apoyos para adultos mayores que reciben de parte del ingenio. En la zona es común que las mujeres no trabajen, por lo que son los padres quienes deben ver por ellas y sus hijos ante la ausencia de un esposo.
Minerva explica que como amas de casa deben procurar aprovechar cada uno de los artículos que a su casa llega, desde los frijoles y verduras, hasta unos chilaquiles hechos con tortillas secas de semanas pasadas.
E L D A T O
En la zona de Calipan viven cerca de 11 mil mujeres, cuatro de cada 10 se dedican al campo, el resto hace labores de hogar o tienen trabajos diferentes.
El ingreso promedio por semana de una familia productora es de 600 pesos, mientras que las familias campesinas viven con 160 pesos durante el mismo período.
E X P O N E
"Tratamos de que los niños vayan a la escuela, pero cuando no hay dinero ni para sus lápices alcanza".Minerva Dorantes Martínez,
Ama de casa.

2 comentarios:
Hola Hugo, cada que escribes me paseo por tu blog, no comento pero creeme que ando atenta a tus escritos.
En primera dejame felicitarte por la dedicación que haces para con tu trabajo; en segunda, por los temas abordados, y en tercera, porque nos haces ver a través de estos, de la todavía desigualdad, falta de justicia y poca preocupación del gobierno para con nuestra gente, y por último como la gente puede aprovecharse aún de los que menos tienen.
Es realmente indignante que este tipo de gente aún exista en este mundo.
orchid.
Leyendote...
Sigue adelante Hugo, me animas, en verdad lo haces, ya no te detengas =)
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