diciembre 17, 2012

Y sonaron las campanas


Hugo de la Cruz Sánchez 
Enviado Grupo Arróniz
Cobertura al Popocatépetl


El Popocatépetl "habló" y sonaron las campanas. Poco antes de la medianoche del viernes pasado cuatro repiques alargados se oyeron en Santiago Xalitzintla como parte de un augurio que todos esperaban, había llegado el momento, había llegado lo peor.
Esa noche 'Don Goyo' arrojó material incandescente, gas y vapor de agua en una sola exhalación, misma que se ha convertido en la más intensa que han vivido los pobladores de esta comunidad en los últimos 12 años.
Ahí en Xalitzintla no hay alarmas ni sistemas detectores de una catástrofe, únicamente un trío de campanas que retumba en todo el pueblo como para dar malas noticias.


Don Mariano Jiménez Sánchez ya pasó a la historia, al menos así lo dicen uno chavos que se reúnen en el parque del pueblo a escuchar música y a platicar con las chicas de su edad que tienen el tiempo contado para llegar a casa.
De 62 años de edad, Don Mariano fue nombrado fiscal de la parroquia de Santiago Apóstol en esa población el 6 de enero de este año. Pero desde hace más de una década, ningún fiscal había subido a ese campanario con tanta prisa y tanto miedo.
"Ya eran más de las 11 (pm), ese día escuche como un tronidote, salí de la capilla y miré hacia el volcán. Tenía como lumbre y se veía todo rojo rojo. No pus' ahí sí dio miedo", dice Mariano al recordar que ni siquiera prendió las luces que iluminan el pasillo del campanario de tanta apuración que llevaba.

Ya de noche, el 'Popo' se pierde en una inmensa oscuridad que ni las estrellas en el cielo son capaces de disipar. Sin embargo, el rojo vivo en el "ombligo" de 'Don Goyo' aquella noche, ubicaba bien a todos quienes lo miraban.
El repique de las campanas no estaba de más, la advertencia fue muy clara: cerrar puertas y ventanas y estar prevenido para una posible evacuación.
Durante más de dos horas esa fue la única forma de saber qué ocurría en un lugar donde la señal de teléfono celular no alcanza la cobertura completa.

Dice Don Mariano que a esa hora llegó personal de las diferentes dependencias que tienen a cargo el volcán y anunciaron una nueva fase de alerta, la misma que prevalece hasta estos días.
"Trataron de decirle a la gente que se calmara y que se mantuviera lista para salir si es que era necesario", añade.
Adentro, en la iglesia, las plegarias de algunos fieles despistados que a esa hora estaban fuera de casa y las de un grupo de mujeres estaban dirigidas al Todopoderoso, le pedían fervorosamente que su hijo el volcán se tranquilizara ante los estruendos de la Madre Tierra que no terminaban de cesar.
Un tiempo después de haber arrojado piedras de lumbre, a Mariano los cuerpos de apoyo oficiales le comunicaron que tocará nuevamente las campanas.
Y entonces, volvió aquel sonido de eco impresionante, ahora fueron tres zumbidos que anunciaban que el peligro era menor, eso daba tranquilidad y ánimo, las oraciones de aquella parroquia habían sido escuchadas... y el volcán volvió a dormir.

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"Las campanas de Xalitzintla son meras anunciadoras, unas veces para cosas buenas, otras veces para cosas malas. Son la única forma de comunicación masiva en un pueblo que vive a las faldas de volcán".

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