Hugo
de la Cruz Sánchez
Enviado Grupo
Arróniz
Cobertura al Popocatépetl
El Popocatépetl
"habló" y sonaron las campanas. Poco antes de la medianoche del
viernes pasado cuatro repiques alargados se oyeron en Santiago Xalitzintla como
parte de un augurio que todos esperaban, había llegado el momento, había
llegado lo peor.
Esa noche 'Don
Goyo' arrojó material incandescente, gas y vapor de agua en una sola
exhalación, misma que se ha convertido en la más intensa que han vivido los
pobladores de esta comunidad en los últimos 12 años.
Ahí en Xalitzintla
no hay alarmas ni sistemas detectores de una catástrofe, únicamente un trío de
campanas que retumba en todo el pueblo como para dar malas noticias.
Don Mariano
Jiménez Sánchez ya pasó a la historia, al menos así lo dicen uno chavos que se
reúnen en el parque del pueblo a escuchar música y a platicar con las chicas de
su edad que tienen el tiempo contado para llegar a casa.
De 62 años de
edad, Don Mariano fue nombrado fiscal de la parroquia de Santiago Apóstol en
esa población el 6 de enero de este año. Pero desde hace más de una década,
ningún fiscal había subido a ese campanario con tanta prisa y tanto miedo.
"Ya eran más
de las 11 (pm), ese día escuche como un tronidote, salí de la capilla y miré
hacia el volcán. Tenía como lumbre y se veía todo rojo rojo. No pus' ahí sí dio
miedo", dice Mariano al recordar que ni siquiera prendió las luces que
iluminan el pasillo del campanario de tanta apuración que llevaba.
Ya de noche, el 'Popo' se pierde en una inmensa oscuridad que ni las estrellas en el cielo son capaces de disipar. Sin embargo, el rojo vivo en el "ombligo" de 'Don Goyo' aquella noche, ubicaba bien a todos quienes lo miraban.
El repique de las
campanas no estaba de más, la advertencia fue muy clara: cerrar puertas y
ventanas y estar prevenido para una posible evacuación.
Durante más de dos
horas esa fue la única forma de saber qué ocurría en un lugar donde la señal de
teléfono celular no alcanza la cobertura completa.
Dice Don Mariano
que a esa hora llegó personal de las diferentes dependencias que tienen a cargo
el volcán y anunciaron una nueva fase de alerta, la misma que prevalece hasta
estos días.
"Trataron de
decirle a la gente que se calmara y que se mantuviera lista para salir si es
que era necesario", añade.
Adentro, en la
iglesia, las plegarias de algunos fieles despistados que a esa hora estaban
fuera de casa y las de un grupo de mujeres estaban dirigidas al Todopoderoso,
le pedían fervorosamente que su hijo el volcán se tranquilizara ante los
estruendos de la Madre Tierra que no terminaban de cesar.
Un tiempo después
de haber arrojado piedras de lumbre, a Mariano los cuerpos de apoyo oficiales
le comunicaron que tocará nuevamente las campanas.
Y entonces, volvió
aquel sonido de eco impresionante, ahora fueron tres zumbidos que anunciaban
que el peligro era menor, eso daba tranquilidad y ánimo, las oraciones de
aquella parroquia habían sido escuchadas... y el volcán volvió a dormir.
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"Las campanas de Xalitzintla son meras anunciadoras, unas veces para cosas buenas, otras veces para cosas malas. Son la única forma de comunicación masiva en un pueblo que vive a las faldas de volcán".


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