Hugo
de la Cruz Sánchez
Quienes lo conocen
le llaman el "triángulo del amor". Pedazo de cerro que tiene tatuados
los recuerdos amoríos de decenas, de cientos de jóvenes que le han grabado
nombres con sus romances de verano, amores de estudiante, implacables aventuras
juveniles que ocurrieron alguna vez.
En sus paredes
deterioradas aún prevalecen los recuerdos estudiantiles del pasado, un rincón
de enamoramiento distinto a cualquier otro.
Allá, en el
"triángulo del amor" no hay nada más que hierba seca, árboles medio
reverdecidos, sombra que dan los izotes y unas veredas que sirven de camino. Su
vista panorámica que invade el valle tehuacanero, dicen, es lo más impresionante.
Es una edificación
vieja que subsiste todavía a espaldas del bachillerato 229 en su modalidad de
CBTIS. Ahí, en un cerro que no tiene nombre, pueden verse los mensajes de amor
que se han inmortalizado bajo una tradición escuelera durante varios años.
"Quien no fue
al 'triángulo del amor', en realidad no vino al CBTIS", dicen algunos de
sus más constantes visitantes, hoy en día adultos con recuerdos muy
preliminares de sus antiguas novias y novios.
Nadie sabe quién lo construyó o bajo qué enmienda se hizo, pero ahí está, simple testigo del tiempo.
"Desde que
nació la colonia siempre ha estado... decían que iban los mariguanos a fumar
ahí porque luego se escuchaban risas bien duro", cuenta Jonás Olvera desde
dentro de su casa y con un poco de pena. Él es uno de los primeros pobladores
de Rincón de las Doncellas, la colonia más cercana a la pequeña edificación.
Para muchos este
triángulo de casi cinco metros de altura no tiene trascendencia alguna, pero
las pasadas generaciones del CBTIS 229 y de la secundaria Técnica 57 se han
encargado de perpetrar esa simpleza para darle vida a un lugar recóndito lleno
de vegetación endémica que no tienen nada de maravilloso, pero sí mucho de
encanto.
"Es sólo la
emoción de subir el cerro e irte a sentar con tu novia", dice Edgar,
estudiante del bachillerato que ha grabado su nombre junto al de Rubí en medio
de un corazón y una flecha que lo atraviesa, al viejo estilo romántico.
Del otro lado del
triángulo está René y una chica, ella omite el nombre porque al parecer en su
casa aún no saben que sale con él. Subieron desde la 1:30 de la tarde, después
de la última clase; ya medio sonrojados por el intenso calor que se siente,
ambos toman un poco de aire y bajo la sombra contemplan un panorama que de
impresionante tiene mucho.
En un principio
esta construcción fue utilizada como nicho de una virgen que ni los mismo
pobladores saben de quién era. Pero los destrozos ocasionados por algunos
vándalos obligó a retirar la imagen del lugar para dejar únicamente los
mensajes de amor que aún prevalecen.
El cerro donde se
ubica el "triángulo del amor" tiene más de 200 metros de largo en una
pendiente de igual proporción. Justo en la punta del lugar algunas personas
derriban pequeños troncos que utilizan como leña.
No hay camino para
llegar directamente. Para subir se tiene que cruzar infinidad de matorrales y
uno que otro nido de arañas.
"El pedo va a
ser la bajada", dice Rubí a Edgar mientras nos cuentan su historia, y es
que el camino es aún más complicado yendo de vuelta a la civilización.
Aunque es todavía
una zona virgen, este monte donde se ubica el "triángulo del amor"
está comenzando a entrar en los planes de los ejidatarios de San Nicolás
Tetitzintla para su posterior venta.
Muy cerca de allí
se han conformado las colonias San Francisco, Rincón de las Doncellas, Paraíso
de Jesús y Observatorio (anexo) y al menos 2 mil familias están asentadas en la
zona.
Dicen algunos
estudiantes que como toda tradición en decadencia las visitas al
"triángulo del amor" cada vez son menos. "Ya ni ganas dan de ir,
ta' relejos y bien culero", cuenta Ángel mientras juega un videojuego a
las fueras del bachillerato.
Él como muchos
otros, es parte de una nueva generación de estudiantes que no visitarán el
lugar, parte de la estirpe que terminará con una vieja tradición romántica,
parte del olvido de lo que para muchos fue un rincón de placer, de beso y
abrazo seguro.



1 comentario:
Hay tradiciones que mueren. Pero tu artículo me hizo recordar. Excelente!
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