diciembre 17, 2012

AMORES DE PARED


Hugo de la Cruz Sánchez

Quienes lo conocen le llaman el "triángulo del amor". Pedazo de cerro que tiene tatuados los recuerdos amoríos de decenas, de cientos de jóvenes que le han grabado nombres con sus romances de verano, amores de estudiante, implacables aventuras juveniles que ocurrieron alguna vez.
En sus paredes deterioradas aún prevalecen los recuerdos estudiantiles del pasado, un rincón de enamoramiento distinto a cualquier otro.
Allá, en el "triángulo del amor" no hay nada más que hierba seca, árboles medio reverdecidos, sombra que dan los izotes y unas veredas que sirven de camino. Su vista panorámica que invade el valle tehuacanero, dicen, es lo más impresionante.



Es una edificación vieja que subsiste todavía a espaldas del bachillerato 229 en su modalidad de CBTIS. Ahí, en un cerro que no tiene nombre, pueden verse los mensajes de amor que se han inmortalizado bajo una tradición escuelera durante varios años.
"Quien no fue al 'triángulo del amor', en realidad no vino al CBTIS", dicen algunos de sus más constantes visitantes, hoy en día adultos con recuerdos muy preliminares de sus antiguas novias y novios.

Nadie sabe quién lo construyó o bajo qué enmienda se hizo, pero ahí está, simple testigo del tiempo.
"Desde que nació la colonia siempre ha estado... decían que iban los mariguanos a fumar ahí porque luego se escuchaban risas bien duro", cuenta Jonás Olvera desde dentro de su casa y con un poco de pena. Él es uno de los primeros pobladores de Rincón de las Doncellas, la colonia más cercana a la pequeña edificación.
Para muchos este triángulo de casi cinco metros de altura no tiene trascendencia alguna, pero las pasadas generaciones del CBTIS 229 y de la secundaria Técnica 57 se han encargado de perpetrar esa simpleza para darle vida a un lugar recóndito lleno de vegetación endémica que no tienen nada de maravilloso, pero sí mucho de encanto.
"Es sólo la emoción de subir el cerro e irte a sentar con tu novia", dice Edgar, estudiante del bachillerato que ha grabado su nombre junto al de Rubí en medio de un corazón y una flecha que lo atraviesa, al viejo estilo romántico.
Del otro lado del triángulo está René y una chica, ella omite el nombre porque al parecer en su casa aún no saben que sale con él. Subieron desde la 1:30 de la tarde, después de la última clase; ya medio sonrojados por el intenso calor que se siente, ambos toman un poco de aire y bajo la sombra contemplan un panorama que de impresionante tiene mucho.
En un principio esta construcción fue utilizada como nicho de una virgen que ni los mismo pobladores saben de quién era. Pero los destrozos ocasionados por algunos vándalos obligó a retirar la imagen del lugar para dejar únicamente los mensajes de amor que aún prevalecen.
El cerro donde se ubica el "triángulo del amor" tiene más de 200 metros de largo en una pendiente de igual proporción. Justo en la punta del lugar algunas personas derriban pequeños troncos que utilizan como leña.
No hay camino para llegar directamente. Para subir se tiene que cruzar infinidad de matorrales y uno que otro nido de arañas.
"El pedo va a ser la bajada", dice Rubí a Edgar mientras nos cuentan su historia, y es que el camino es aún más complicado yendo de vuelta a la civilización.
Aunque es todavía una zona virgen, este monte donde se ubica el "triángulo del amor" está comenzando a entrar en los planes de los ejidatarios de San Nicolás Tetitzintla para su posterior venta.
Muy cerca de allí se han conformado las colonias San Francisco, Rincón de las Doncellas, Paraíso de Jesús y Observatorio (anexo) y al menos 2 mil familias están asentadas en la zona.

Dicen algunos estudiantes que como toda tradición en decadencia las visitas al "triángulo del amor" cada vez son menos. "Ya ni ganas dan de ir, ta' relejos y bien culero", cuenta Ángel mientras juega un videojuego a las fueras del bachillerato.
Él como muchos otros, es parte de una nueva generación de estudiantes que no visitarán el lugar, parte de la estirpe que terminará con una vieja tradición romántica, parte del olvido de lo que para muchos fue un rincón de placer, de beso y abrazo seguro.

1 comentario:

Unknown dijo...

Hay tradiciones que mueren. Pero tu artículo me hizo recordar. Excelente!