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| El periodismo es el oficio, no beligerante, con más bajas en México desde 2001, nadie ni nada han podido frenar los ataques y agresiones. |
Hugo de la Cruz Sánchez
En el pedestal de aquella plaza, donde a diario se entonaba el Himno Nacional y se prometía honor a México levantando la mano derecha, quedó marcada la vida, el retumbo de ese pensamiento tan original hacía dudar cómo era capaz de haberse escrito. Desde entonces, necesitaba papel y lápiz para hacerlo realidad.
Suena incierto saber si se nace o se hace, pero qué más da, el hecho es ser. Y entonces, alejado de la pluralidad de los demás, llegó la confesión, ‘mamá, papá… quiero ser periodista’.
Así, la complejidad del mundo era cada vez más compleja, la verdad de las cosas era cada vez más verdadera y la ausencia de los quehaceres de antes, eran totalmente ausentes. Radical, y muy cierto.
El ser periodista incluye, entre otras cosas, una percepción más allá de la realidad y antes de que se haga realidad, incluye también desvelos, miedos y una calvicie asegurada a no sé qué plazo.
Quien es periodista, sabe al descubierto las maravillas, pero también las miserias que encierra el mundo en que vivimos. Porque en realidad la esencia se ha perdido, porque hoy se vale ser periodista por tener buena cara.
Sí, el periodismo ha perdido su esencia, se ha ido por unos derroteros que no le son propios. Porque se es crítico, analista, comentarista, cronista, invitado, pero menos, periodista.
Faltarían páginas y hasta letras de quien escribe para relatar los ángulos que engloban ser y ejercer como periodista.
El hecho no es mucho, sencillamente es hacer que todo mundo tenga conocimiento de su realidad, de nuestra realidad; maneras, hay muchas, compromisos hay pocos.
Y entonces, la confesión del principio habría que pensarla. Hay bastantes dudas sobre el camino, pero asumir la dirección de caminar, es lo más conveniente. Así que la invitación queda abierta y los requisitos son pocos para ser periodista… alma de periodista, vista de periodista, letras de periodista y unos pantalones suficientemente apretados a tu cintura.
En el camino habemos muchos y llegan más, las farsas no terminan, pero la zozobra del tiempo hará cansada la situación. Que se desarrolle entonces un periodismo sano, absoluto, o que por lo menos se devuelva al periodismo su dignidad.
No esperes mucho del periodismo, porque el periodismo espera mucho quien lo ejerce. Y al final del día, sólo basta la satisfacción propia de hacer lo que haces, decir lo que dices y pensar como piensas.
Mamá, papá… quiero ser periodista, y habrá –tal vez- caras sorprendidas, alargadas y deshecha una idea de tener un hijo doctor, abogado o maestros –qué sé yo-. No se puede complacer en todo, hay que saber ser uno mismo.
Y desde entonces, empezar a darle comienzo a esto de la oración, el sujeto, el verbo y predicado.
Por cierto, sólo un 4 por ciento de los padres recomendaría a sus hijos ser periodista. No es por nada, no hay temores, no hay absolutamente nada, todo hay que forjarlo. Yo quiero ser periodista, ¿tú?

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