marzo 06, 2017

El perfil tecnológico del docente

Hugo de la Cruz Sánchez

Nadie puede llegar a las aulas siendo un experto ni en el conocimiento ni en la impartición del mismo, los profesores hemos visto como un reto la conversión de guías a ser potenciadores de capacidades que resultan complejas, eso mismo nos ha encasillado en la idea de impartir una educación con un matiz tecnológico casi en su totalidad, aunque de por medio se corran riesgos que devalúen nuestra función primordial de educar.



Y ante el planteamiento de mejora en la educación, las interrogantes no son nuevas: ¿cuál debe ser el perfil adecuado del docente?, ¿cómo puede el profesor lograr una educación de calidad de acuerdo a su formación y experiencia? Las respuestas pueden ser hipótesis que uno mismo asume y dispone frente al grupo. La subjetividad es un factor de mucho peso y las estrategias implementadas para unos pueden no serlo para otros; el quehacer del profesor entonces vuelve a una posible solución de origen: el docente debe ser multifuncional, multidisciplinario y adjudicarse cualquier otro adjetivo sobresaliente. En pocas palabras el maestro debe ser un ente con capacidades de instrucción abundantes, según las necesidades de cada persona que tiene enfrente.
La lectura de Carlos Ornelas Navarro y la encuesta realizada a profesores de distintos niveles en Estados Unidos muestran un preámbulo en el que ya están trabajando muchos docentes del mundo. Por un lado, el panorama propuesto a inicios de la década de 1990 no es tan distante de nuestra realidad, al contrario, revela y confirma las carencias que como formadores de personas tenemos y que no logra subsanarse del todo, pese a los intentos de algunos.
Es indudable pues pensar que la docencia se transmita de forma lineal o estática, las necesidades de cambio no sólo impactan en el alumno, sino también en el docente. Los profesores de este nuevo siglo deben entonces ser capaces de asimilar, en primer término, las necesidades de los estudiantes respecto del entorno social. Una persona que entiende (o al menos interactúa positivamente con su entorno) puede ser partícipe del conocimiento.
La web y sus cambios han sido la mejor herramienta de instrucción; sin embargo, la displicencia de algunos colegas a utilizar estos métodos novedosos puede llegar a ser perturbador e inquietante, y sobre esa idea hay que trabajar para su desecho, no sólo por consideración propia, sino por exigencia de quienes acuden al salón de clases.
Previsto desde hace unos 20 años, la imagen del docente que pueda manejar más de un idioma y que se interrelacione con el bien común a través de sus conocimientos, siempre dará un valor extra. Dominar campos de la matemática (como ciencia de primera y absoluta necesidad), pero además de conocer también la cultura, la historia, la política y las situaciones generales del mundo, podrán ser un cúmulo solidario de información que se aprecie en el aula.


El segundo texto es una apreciación evidente que bien sabemos aquellos que tenemos responsabilidad frente a grupo. Las capacidades tecnológicas son una influencia directa y elemental para el correcto aprendizaje de los alumnos de esta generación, y seguramente lo hubiese sido en generaciones pasadas de haber tenido a primera mano las herramientas de su tiempo con tanta apertura; las exigencias –por otra parte– de los mismos estudiantes y los retos que se crean para evidenciar nuestro conocimiento son otra constante que habrá que superar para no evitar descalificaciones en el camino.
De los 10 puntos planteados, que por demás son indispensables, descartaría únicamente aquel que tiene que ver con la masificación de redes sociales. Las necesidades y condiciones están repartidas en las miles de aplicaciones digitales que existen, es por ello que no encuentro sentido a darle utilidad académica a espacios que de origen no están destinados a eso.
Casos como Facebook o Twitter son el mejor ejemplo, para mí, de la poca voluntad tanto de profesores como de estudiantes para mejorar los entornos de educación tecnológica. Siempre será, por supuesto, de mayor gusto trabajar con las herramientas que te facilitan el conocimiento, aunque las dos redes sociales mencionadas antes no me parecen del todo encajar –aún– en la arquitectura de la formación, sobre todo cuando las demás actividades de esa red social resulten distractoras.

Lo cierto es que el saber conjuntar conocimientos y habilidades tecnológicas podrían permitir el crecimiento y esfuerzo de cada individuo dentro del aula, y al ser tantas las competencias existentes dentro del sistema educativo, permitirá a todos estar en primer lugar alguna vez (al fin y al cabo eso es lo que se busca). Así pues, tanto los educadores como los educandos podemos construir grupos cooperativos efectivos, en los que no sólo todos alcancen los resultados esperados, sino que también permita adquirir roles protagónicos a todos los pertenecientes al grupo, porque hay que recordar que vivimos en una sociedad jerárquica y necesitamos que sea así, el sueño utópico de que seamos todos iguales y que todos tengamos lo mismo no es real ni lo será nunca, es en el grupo donde nacen los líderes y los seguidores, ninguno es más importante que el otro, pero cada uno ocupa su lugar en esta sociedad.


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