marzo 16, 2017

Una reflexión sobre la web 2.0

Hugo de la Cruz Sánchez

Anacrónicos, atrapados en un frenesí tecnológico con el que no pueden: así se declaran cientos y cientos (incluso miles) vivientes de esta época de auge digital. Pero, ¿por qué la displicencia?, ¿es un problema en realidad? Para poder entender a profundidad los efectos de la era del Internet, tenemos que comprender también que la tecnología es parte de nuestra cultural material, esa que desarrollamos como un crecimiento intelectual de nuestro curso social.



En este mismo proceso tenemos que contar con los usuarios de dicha tecnología, los que se apropian de ella y la adaptan, hasta los que no son capaces de interactuar ni un minuto siquiera, cualquiera de las dos posturas es aceptable. Sin embargo, no se puede negar la trascendencia del Internet en nuestras vidas, como tampoco se pueden negar aquellos desarrollos tecnológicos que han hecho más feliz nuestra existencia (la música, el cine, la educación, por ejemplo), más cómoda y más rentable.
La aparición de la Internet es posiblemente lo mejor de la generación que nos ha tocado vivir (en todos los sentidos), infinidad de personas tienen hoy mucho más acceso a la red que a los libros u otros archivos de consulta de forma rápida y económica relativamente; son ‘efectos colaterales’ de diversas plataformas al servicio de la sociedad.
Podemos decir que la evolución de las herramientas digitales constituyen un reto cada día, lo que hoy es nuevo para nosotros será en unos meses obsoleto para las nuevas generaciones. Vivimos una era cambiante y acelerada que genera miedo entre las sociedades, pero vivimos con mayor dinamismo y vivimos siendo protagonistas de las cosas de la Internet, ese podría ser un gran consuelo si se mira desde una perspectiva alentadora nuestra función como desarrolladores de la misma.
Cambios tan transcendentales como la llegada de la web 2.0 nos han ayudado a mejorar los contenidos de interacción y han dado a la Internet una mejor funcionalidad que hasta entonces se había recibido, incluso es emocionante pensar que esa situación se encuentra justamente evolucionando ahora para sorprendernos en unos cuantos años.
Es innegable en ese sentido creer que la educación no se ha visto afectada, y es que posiblemente sea uno de los primeros rubros de incidencia digital. Nuestro conocimiento ha ido evolucionando gracias a las máquinas, hemos abandonado el mundo ordinario para convertirnos en operadores del trabajo pronto y continuo, pues finalmente la tecnología siempre ha sido la voluntad del hombre, una voluntad complacida con el poder y con aquellas cosas inimaginables en positivo y negativo.
En ese mismo orden de ideas, es preciso afirmar también que los beneficios de la web no han llegado como se esperaba, hay quienes dicen que han sido inferiores incluso, la consideración está puesta por dos motivos según mi criterio: porque la brecha digital sigue siendo enorme en el país (pobreza), y porque algunos beneficios se han visto contrarrestados por los riesgos que se corren, nótese el aumento de las desigualdades, el exceso de mercadotecnia y el surgimiento de monopolios que han condicionado tanto o más que el propio Estado.
No es posible para nadie omitir los juicios que se viven respecto de esta era, me refiero al surgimiento de esas grandes expectativas sobre la necesidad de hacer o dejar de hacer ciertas acciones por tener de por medio a la tecnología. Que no sea así en ningún campo y mucho menos en el educativo, más cuando resulta obligación nuestra reconfigurar los modelos pedagógicos empleados hasta el momento.
Los quehaceres de la vida son diversos que sólo falta aceptar como fórmula válida nuestra función como personas y la utilidad incuantificable de la Internet, de gestar esos apoyos  individualizados y tomar en cuenta el cúmulo de necesidades que tenemos a la par de las capacidades que desarrollamos.

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